¡Pongan atención a Vendaval! Esta joven banda está generando grandes expectativas en el metal salvadoreño. Gracias a su versatilidad vocal y una propuesta sólida, se perfilan como un proyecto imprescindible. Aquí te contamos lo que descubrimos tras charlar con ellos sobre su música.
Para ir calentando motores: ¿Quiénes son los rostros detrás de Vendaval y cómo se gestó este estruendo?
Somos 5 integrantes tenemos en la batería a Iván Guevara, en las guitarras a Tamalito y Marvin Garzona, en el bajo a Luna Portillo, y en la voz a Maya Casamalhuapa.
Todo este desmadre empezó desde el fin de otro proyecto que Iván y Maya tuvieron donde las ganas de seguir tocando no se acabaron. Luna fue la primera en incorporarse y luego vino Tamalito. Así fue que empezamos, siendo solo 4 tocando indie rock que de repente se desviaba a tonos un poco más pesados. Un par de meses después, cuando ya íbamos encontrando nuestro tono, se unió Marvin, ahí oficialmente transicionamos a lo que tocamos ahora. Realmente no sabemos qué subgénero del metal somos, solo fluimos con lo que creemos que suena bien para lo que queremos expresar en una canción.
Ustedes representan a la nueva generación del metal nacional, un fenómeno digno de análisis en una época donde el mainstream está volcado hacia lo urbano. ¿Qué fue lo que despertó en ustedes esa chispa por el rock duro?
Las influencias de cada uno fueron las que nos llevaron hasta lo que somos, Vendaval es una mezcla de cada uno de nosotros, pero lo que tenemos en común es querer gritar lo que sentimos y no hay mejor género para explotar que el metal o lo pesado. Todos en algún punto hemos percibido en este género un sentido de pertenencia, ya sea porque crecimos escuchándolo o porque fue nuestra puerta de escape.

Un detalle que destaca en la formación de Vendaval es la presencia de dos chicas, algo que aporta una energía genial a la banda. ¿Cómo es la dinámica, tanto en la composición musical como en la convivencia personal del grupo?
La composición es algo que tiene que salir orgánicamente para nosotros, la mayoría de veces salen de improvisaciones a las que luego Maya les pone letra según lo que siente que el sonido trata de decir.
Principalmente componemos para decir lo que no está bien visto, hablar libremente o que nos da vergüenza decir, hemos encontrado en la música ese canal donde podemos gritar lo que sentimos o nuestra verdad, para que los demás nos puedan escuchar.
Sabemos que el público metalero en el país es de los más leales. Desde su perspectiva, ¿cómo ven la salud de la escena nacional actualmente?
La escena nacional está muy segmentada, compitiendo por ver que género es más true que el otro o que banda es más podrida que la otra. La música no debería crear brechas, debería ser lo que nos une.
Necesitamos urgentemente que el género metalero no sea visto como algo que solo pueden escuchar hombres metaleros que se visten de negro y van todos los findes a chupar a un bar con bandas de metal, sino como un espacio para cualquiera que tenga ganas de gritar, expresarse, contar su verdad y disfrutar a su modo; principalmente sin importar a qué sexo pertenezca.
Para cerrar, ¿qué sigue en el horizonte de Vendaval? ¿Qué sorpresas nos tienen preparadas para el futuro cercano?
Queremos seguir creando orientado a lo que sentimos y no a lo que creemos que vaya a pegar. Seguimos trabajando en nuestros materiales para venir con patada al pecho teniendo presente que la verdad incomoda.
Queremos ser esa voz que hable de lo que nos pasa como jóvenes salvadoreños y no hablarle al mismo círculo reducido de gente que conocemos como true, porque si hacemos más de lo mismo perdemos el sentido original del porqué surgió el rock en primer lugar.
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